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martes, 10 de septiembre de 2013

Violencia en Guatemala ¿una ola que acaso puede ser frenada?

Por
Carmen Aida Rivera
Médica y cirujana
Especialización de postgrado en Investigación científica
Escuela de postgrado. Facultad de Ingeniería


Hoy en día no existe país ni comunidad que esté libre de la violencia, invade nuestros sentidos a tal punto que podemos encontrar representaciones de esta en cada lugar como las calles, centros de estudio, trabajo e incluso en nuestro propio hogar. Sin embargo paradójicamente estamos tan acostumbrados,  al extremo que ya no nos percatamos de esta ola de violencia. “La Organización Mundial de la Salud define la violencia como: “El uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones”.  La violencia es responsable de más de 1.6 millones de muertes al año en todo el mundo. Aunque en 1996 el Estado de Guatemala firmó los Acuerdos de paz; diez años después el  país registra los mayores niveles de violencia a nivel mundial. En el ranking de países campeones en homicidios por armas de fuego, Guatemala ocupaba el octavo puesto para el año 2000. Esto nos conduce a la siguiente interrogante: ¿Cuál es impacto de la violencia? En el país numerosos actos de violencia no estan registrados por ignorancia u omisión. Actualmente la recopilación más extensa y accesible de los hechos violentos en nuestro país corresponde a mortalidad, obtenidos de certificados de defunción, registros de estadísticas vitales e informes forenses. Que solo refiere una pequeña parte  de todos los datos sobre hechos violentos en nuestra sociedad; ya que por cada victima que se muere a causa de un hecho violento otras resultan heridas y con discapacidades físicas o mentales.
En el país,  2008 fue uno de los años en que la violencia se intensificó más que en los últimos treinta años, alcanzando los 46 homicidios por cada 100 mil habitantes a nivel nacional de los cuales, el 83% fueron provocadas por el uso de armas de fuego debido a las facilidades por el contrabando con que son  conseguidas con débiles regulaciones y controles para la posesión y portación. En el pasado como ahora el uso de armas es sinónimo de poder sobre otros grupos especialmente con el alto nivel de ocurrencia de homicidios, secuestros y violaciones que cotidianamente son titulares en los medios de comunicación y que a la vez afecta el desarrollo económico, social y la salud mental.
Existen otras situaciones que están fuera de nuestro alcance pero de alto riesgo: el uso de buses urbanos, extraurbanos o taxis como medio de transporte y el oficio pilotos incluso de camiones de extracción de basura y propietarios de tiendas y abarroterías, quienes están más expuestos al crimen y extorsión que los empleados de empresas privadas.

En los últimos días también nos consterno la noticia de que un estudiante brillante perdiera la vida en manos de un delincuente ¿y esto porque? por tratar de defender a una víctima de violencia. Nuestra sociedad está cansada de ser de tanta violencia y ante la falta de respuesta de nuestras autoridades que tienen la obligación de cuidarnos y defendernos; se  deciden hacer justicia por propia mano con pérdidas y sucesos lamentables. Ante todo esto solo queda preguntarme ¿hasta cuándo? y ¿Hasta dónde tendremos que llegar para que todo esto acabe?.•

jueves, 22 de agosto de 2013

Y tú, mujer ¿eres una estadística más?


Por
Alejandra Viana
Medica y Cirujana
Estudiante Especialización en Investigación Científica
Escuela de postgrado. Facultad de Ingeniería

Es frecuente leer noticias sobre miles de casos  de violencia contra la mujer; pero nunca ser testigo de la experiencia de un agresor que sin vergüenza alguna, delante de mí, agredía la integridad física y psicológica de una mujer. Llena de lágrimas y rabia me desilusionó que la mujer agredida perdonara a su agresor.
¿Por qué un hombre es violento contra una mujer? o ¿Por qué sancionar a la mujer si no cumple con sus mandatos?. 
En muchos casos como el anterior, mujeres que sufren de violencia permanecen calladas por distintas razones: miedo a represalias, a la suspensión de ayuda económica, a condenar a los hijos a no tener padre, dependencia afectiva, falta de apoyo familiar o la esperanza que su pareja cambie. Es difícil comprender a una mujer que permanece al lado de quien le causa daño; quizá porque las mujeres no dimensionan lo bueno y malo, o porque guardan la esperanza que las cosas cambien, porque se cree que es una pesadilla de la que puede despertarse o simplemente una venda en los ojos. El miedo a la condena social da lugar a sentimientos de repudio, culpabilidad y sufrimiento, que le impide reconocerse como víctima.
¿Por qué los hombres creen tener el control de una mujer, o el derecho de ejercer su masculinidad?. En gran parte por la reacción natural o normal de las personas a pesar de las estadísticas alarmantes; como si en la vida estuviese escrito que las mujeres merecen maltrato.
La violencia contra la mujer, también es inducida por el Estado, las instituciones, ideologías, tradiciones, cultura, leyes, sistema educativo y médico, los medios de comunicación y en el lenguaje cotidiano. En conclusión un sistema social que domina y discrimina a las mujeres a través de distintos mecanismos.
En Guatemala son particularmente alarmantes los niveles de violencia en contra de las mujeres. La Encuesta de Salud Materno Infantil 2009, reporta que 45 de cada 100 mujeres entre los 15-49 años ha sufrido, en algún momento de sus vidas, hechos de violencia (verbal, física y/o sexual) por parte de sus parejas. La violencia contra la mujer ya es un término “pandémico” y “uno de los más grandes desafíos de nuestra época” según el Secretario General de las Naciones Unidas.
Lo que se necesita no es sólo un día de reflexión y más promesas retóricas, sino un liderazgo decidido y un compromiso para poner fin a las prácticas abusivas y la discriminación, pero sobre todo la voluntad de la mujer de no ser una estadística más.•